Según Peirce*, todo lo que nos rodea y experimentamos puede considerarse un signo. Un signo es cualquier cosa que sirve para representar otra cosa (valga la redundancia). Los signos nos ayudan a comprender e interpretar nuestro mundo, y este señor, propuso diferentes tríadas de conceptos para clasificarlos. El concepto que a mí me interesa de su teoría, es el de primeridad, el aspecto sensorial de los signos. Junto con la segundidad y la terceridad, conforman una de esas triadas.
Cuando, por ejemplo, de chiquitos, un día random de nuestra corta vida, salimos afuera a la lluvia y dejamos que las gotas toquen nuestra cara, sorprendiéndonos con inocencia por este fenómeno irracional en el que cae agua del cielo, estamos por defecto, ante una primeridad. Se trata de una experiencia inmediata e indefinible: el primer contacto, el primer acercamiento, la primera COSA sin asociación, el signo en su contexto sin intento lógico de definición. Pura posibilidad.
Un color, por sí solo, también representa una primeridad, porque no hay referencia otra a ningún significado. La tristeza, cuando nos invade, en ese momento previo a la racionalización. La sorpresa. Un primer beso. Ver una obra de arte y que nos genere una sensación en el pecho, esa sensación. Un sonido. Escuchar por primera vez una canción que nos va a gustar por años. Nuestros dedos sobre una textura nueva. Esa alucinación única y olvidable después de consumir ciertas drogas. Todo es primeridad.
Muchas veces nos centramos en lo que dejamos de hacer, pero pensamos poco en lo que se nos presenta primero. Este concepto me gusta particularmente porque invita a observar con más detenimiento lo que existe y pasa a nuestro alrededor, nos dice: "che, fijate que hay un montón de mundo afuera."
*Charles Sanders Peirce (1839-1914): un filósofo y lógico yankee, the father of semiótica moderna.